Automóvil Clásico de Euskadi

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Son muchas las marcas de coches que tuvieron un destino atormentado. Es sobre todo el caso de las que hubieron de atravesar periodos de conflictos mundiales durante los cuales se vieron obligados a modificar radicalmente su producción. Otras, especialmente desafortunados, tuvieron que enfrentarse a la destrucción de su patrimonio.

Este fue el caso de la marca Triumph, que al término de la Segunda Guerra Mundial quedo con sus instalaciones de Coventry totalmente destruidas. Durante la guerra, la marca había fabricado carburadores de aviación para Claudel-Hobson, así como los aviones Mosquito. Tras los bombarderos, de Triumph solo quedaba un nombre y una marca para vender.

Triumph ya había construido coches deportivos, pero después de algunos éxitos logrados en competición a principios de la década de 1930, esta actividad había sido suspendida en 1936. Uno de los grandes proyectos de John Black consistía en reemprender la fabricación de deportivos con visitas a competir directamente con Jaguar. Esta última compraba los cuatro cilindros a Standard, pero fabricaba por su cuenta sus seis cilindros.

En 1950 apareció un sorprendente cabriolet alargado, provisto de un montón de soluciones originales (faros escamoteables, apertura eléctrica de capot, antena accionada por la depresión del motor) que, sin embargo, fueron considerados demasiados futuristas por los expertos.

Dos años después llegaba al mercado un modelo deportivo completamente nuevo. Inauguraba una serie que iba a tener un éxito poco común: la gama TR, que sobrevivió hasta la aparición del TR7 en 1975. El TR1 fue un prototipo inmaduro. Pero el TR2 se mantuvo tres años antes de ceder su lugar; en 1954, al TR3, cuya vida fue claramente más larga.

El éxito del TR3 era debido a constantes mejoras. En 1956 se le incorporaban frenos de disco delanteros. Su motor, un cuatro cilindros de 1.991 CC, alcanzo un gran éxito, puesto que también equipada los modelos Morgan, Peerles y Swallow Doretti. Desarrollaba la interesante potencia de 101 caballos para un peso en vacío de 940 kilos, lo que permitía al TR3A de 1960 alcanzar una velocidad máxima de 177 km/h.

Provisto de un marco de cajones con travesaños entrecruzados, el TR3A llevaba también una suspensión delantera independiente de palancas trianguladas en trapecio y resortes helecoidales, y un eje trasero rígido con resortes semielipticos. Los amortiguadores eran hidráulicos telescópicos delante y detrás, mientras que un estabilizador lateral delantero se entregaba bajo pedido. Su velocidad máxima es de 177 km/h.

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